arte, dios, pintura y belleza
Apareció una “flor” afirmando no necesitar más de mis lágrimas.
La alegría del techo azul puro que, a pesar de los gases tóxicos que enviamos desde el suelo, aún hoy, se deja ver, me anima a querer ver más y por más tiempo.
Con el pedazo de cielo que llevemos a cuestas, el más encerrado de los presos no se perderá lo que aparece gratis en lo alto de todo.
Me pregunto, cómo sería el rostro de una humanidad sin hambre. Quiero ver esa belleza.
Ayer me encontré la belleza en un higo precioso y blandito, ya maduro. Quiere ser arrancado del árbol que le da vida. Quiere ser nutriente. Quiere que su alimento no se pierda, cayendo a tierra y pudriéndose. Con una mezcla de pena y profunda alegría, se despide de los otros higos que todavía no maduraron y que nunca lo harán, pues el clima ya ha cambiado.
Siempre encontré reflejado en las cosas “un algo” esperanzador que anda por encima de toda negrura. A ese “algo” esperanzador lo llamo belleza.
Una forma de expresar la belleza es a través de la pintura, que me la tomo como una prolongación de lo que la cabeza, el corazón, y los sentidos del cuerpo son. Estos, para prolongarse al exterior, se valen de un material y unos utensilios.
Las pinturas y los pinceles de las que nos valemos están hechas de la propia naturaleza y llevan en sus genes el ritmo de la vida. Tienen su tiempo de secado, si se quiere deslizar la pintura necesitan más o menos aglutinante por según que tipo de tela-lienzo, pues unas absorben muchísimo, otras hacen que la pintura resbale como cuando se pinta sobre cristal. Los pelos endurecidos de los pinceles se van quedando fijos en la superficie, cuando la pintura que hay en ellos se seca un poco
Se trata de mediar y llegar a acuerdos entre lo que sabes de los materiales y utensilios y los sentimientos, los pensamientos, los deseos y las habilidades.
Así una cosa es lo que quiero y deseo expresar, otra cómo quiero ver esa expresión (cómo imagino la pintura final), y otra lo que se presta a hacer este u otro material. Y en medio de todo eso: lo que surge y lo que se descubre.¡ eso es lo fascinante para mí !.
Por esto pienso que a través de la pintura aprendo, y me encuentro con pequeños y otras veces grandes descubrimientos.
Esto de los ritmos del material y los utensilios no tiene sentido si no alimento el pensamiento, mantengo el corazón vivo, y los sentidos y los órganos del cuerpo despiertos. La búsqueda constante de belleza, de arte, de dios provoca todo esto.
Así, los descubrimientos que quiero contar, tienen su origen en una mezcla, que surge de compartir y profundizar en grupo y en soledad el evangelio, en poner mis capacidades en acción y en práctica el deseo de un mundo bueno para todos, la bella utopía de Dios.
Me valgo del color para expresarme que, como la risa, la brisa, el sonido y el abrazo, considero lenguaje universal. Todos los que vemos sabemos del color. No necesitamos saber el mismo idioma ni habernos educado desde las mismas costumbres, para apreciar el contraste del cielo azul con un sol radiante o la negrura rota por los relámpagos. Los mismos contrastes que ocurren en ropas, estancias y rostros.
